Los Grabados de Peña Escrita
La Peña Escrita está situada en el término de Canales de Molina, a escasos kilómetros de Molina de Aragón al noreste de la provincia de Guadalajara. El paraje lo componen una serie de afloramientos de rocas calizas entre las que discurre el arroyo de la Dehesa que poco después, aguas abajo, desemboca en el río Gallo, afluente del Tajo. Este tipo de roca es habitual en esta parte de la provincia, constituida por terrenos triásicos cuyos suelos presentan los tres suelos clásicos: el inferior, de conglomerados y areniscas; el medio, de calizas magnesianas, y el superior de margas salíferas, en muchos puntos coronadas por calizas que normalmente ofrecen aspecto basto y colores pardo-rojizos.
En el lugar concreto del yacimiento podemos distinguir dos formaciones o lugares diferentes, por un lado un pequeño abrigo con el suelo a la misma altura del arroyo, en cuyo interior hay un gran bloque de piedra desprendido sobre el que aparecen un gran número de grabados, y por otro lado la cubierta o techo de este abrigo que es una gran roca plana inclinada, que a su vez constituye el suelo del monte, de unos 30 m. de longitud, que en su punto más alto se eleva unos 7 m. sobre el nivel del arroyo y en su punto más bajo entre 1 y 2 m., y cuya superficie aparece también cubierta de numerosos grabados entre los que destacan grandes figuras humanas.
Estos grabados rupestres son conocidos por todas las gentes de la comarca que tradicionalmente lo atribuyen a la época de los moros, y a nosotros nos fueron mostrados por Jesús Arenas y Félix Jiménez, jóvenes vecinos de Molina que colaboran con nosotros en las excavaciones arqueológicas que, desde hace algún tiempo, realizamos en esta zona. Las figuras allí representadas llamaron nuestra atención por sus particulares características, aunque la dificultad que encierra su adscripción cronológica y cultural nos llevó incluso, a pensar que se trataba de una falsificación moderna, idea que posteriormente desechamos ya que existen algunas referencias sobre este conjunto rupestre en el siglo XVII.
Efectivamente, Diego Sánchez Portocarrero, capitán al servicio de Felipe IV e historiador molinés, dedicó gran parte de su obra a describir lugares y acontecimientos de la región y concretamente en su «Historia del Señorío de Molina», manuscrito inédito conservado en la Biblioteca Nacional (MSS 1556 al 1558), hace referencia al yacimiento según transcribimos a continuación (1):
«Es el sitio que llaman Peña Escrita, de quien cuenta su vulgar tradición encantos sobre Moros y tesoros suyos por los cuales han gastado algunos en balde su trabajo y a todo a esto añade la sin necesidad cosas bien ridículas y movido desto reconocí aquel sitio con más personas, es muy áspero y la Peña que llaman escrita hace como suelo de una cueva o cobertura que formaron allí las peñas. Ea Peña escrita es triangular de tres varas por cada frente y toda está esculpida o mejor diremos cavada de varias señales, pero miradas todas con cuidada diligencia, ningún carácter, ni letra hay del Arábigo, ni de otra lengua sin figuras claras y entre ellas diez o doce cruces, con sus Peanas figuradas de diferentes modos con las cuales se interpolan sin orden otras figuras, como son herraduras, pequeñas huellas de ovejas o cabras, otras de pies y manos de hombres y algunas figuras de grillos, todo formado cavando en la Peña toscamente sin arte ni igualdad. El cobertizo desta forma la Naturaleza en otra Peña mayor que por la parte de arriba hace suelo al cerro cercano y allí se ven esculpidas señales semejantes a las dichas y una figura humana tendidos los brazos y las piernas y más adelante una gran cruz cuyo palo derecho muy mas ancho que el atravesado, remata en punta arriba, de donde pensaron algunos, que aquello era la cobertura de cabeza a manera de Mitra y lo demás una figura humana pero conocidamente es cruz, formada tan sin arte como todo lo demás».
La Peña Escrita no es el único lugar de interés que hay en la zona, pues a escasos kilómetros de distancia existe una pequeña roca al aire libre sobre la que aparecen una serie de grabados, entre los que hemos distinguido cruces y crismones. Pero el yacimiento que más cerca está, y que mayor interés ofrece por las posibles relaciones, es el llamado Castro de Canales, situado en la otra orilla del arroyo de la Dehesa y a no más de 500 m. aguas abajo, que conserva —en algunas partes—grandes murallas, casi ciclópeas, canalizaciones de agua, etc. y en cuya superficie hemos podido recoger escasos restos cerámicos, entre los que figuran algunos fragmentos de sigillata, único dato orientativo puesto que como en él no se ha trabajado, no sabemos si hubo poblaciones más antiguas y si posteriormente volvió a ser ocupado.
Aparte de todos estos datos sin clara conexión hasta el momento con la Peña Escrita, queremos advertir que esta comunicación se limita a dar la noticia de su existencia y que por ello tiene un carácter preliminar ya que hasta el momento únicamente hemos realizado fotografías del lugar y hemos comenzado a hacer algunos calcos, quedando por hacer un detallado examen del conjunto estudiando bien tanto la técnica que se ha empleado, como la veracidad de algunos de los trazos ya que como el sitio es frecuentemente visitado por gentes de la zona, está todo él repintado de tiza y creemos que ello puede llevar a la interpretación incorrecta de algunos signos.





